12 de febrero de 2011

ATARAXIA

Bueno, pues este año estoy estudiando Diseño y Producción editorial como ya he dicho. Hay muchísimos artista en mi clase. Es increible el talento que hay entre esas cuatro paredes.

Hay un chico, que se llama Manu López que ha publicado su primer manga: Ataraxia

Ataraxia va de dos hermanos gemelos. El primero de ellos es tímido y siempre esta jugando en el ordenador a juegos de rol. El segundo, kyle, es muy extrovertido y no entiende cómo su hermano se peude llevar todo el dia en el PC jugando. Un día el hermano de kyle se suicida, y Kyle decide entrar en el juego para averiguar el motivo de la muerte de su hermano.

Ese es el argumento principal de Ataraxia. En total la serie va a tener 4 tomos, de los cuales el primero esta publicado y el segundo esta en ejecución jeje.

Bueno, os dejo tb lo chibis de los tres personajes protagonistas: Kyle, Sue y Hugo. Mi favorito es este último jeje.
Ah, para quien le interese la editorial de publicacion es nowevolution
y os dejo tb el enlace de la web del autor: Manu López

9 de febrero de 2011

lo que se escribe en el camino

UNA SONRISA TUYA

Bueno, aquí os dejo un nuevo capítulo de "Una sonrisa tuya"
Es una adaptación de un relato que ya había colgado anteriormente, pero lo he modificado y expandido para adaptarlo.
Espero que os siga gustando, y comentad!! decidme qué os gustaría que pasase, que creeis q va a pasar etc, lo que querais :P

Capítulo 9:

Allí estaba ella, en una fiesta en la que no se sentía invitada. ¿A caso el que te digan que vayas, significa realmente que quieren estar contigo?

Miraba a su alrededor, y sólo veía personas riendo y bailando; pasándoselo bien en definitiva. ¿Y ella? ¿Qué hacía ella? Ella simplemente miraba a su alrededor, miraba a esa gente a los que conocía, pero que en ese momento les parecía extraños.
¿En qué momento se le ocurrió asistir? Lo sabía. En el momento en que sus amigos le insistieron y le dijeron que Javi acudiría…

- Tienes que venir, ¿cómo te vas a quedar en casa sola, con la pedazo de noche que hace?
- ¡Pero si no me han invitado!
- Si que lo han hecho. Te recuerdo que Paco nos dijo que si querías ir, fueras.
- ¿Y qué clase de invitación es esa?
- La suficiente para ir, sabiendo que estas invitada. Además… ¿A que no sabes quien va a ir?
- ¿Y qué mas da? ¡Si no sabe ni que existo!
- Claro que si. El otro día le dijo un chaval de vuestra clase de libre que te podía pedir los apuntes, que tienen pinta de ser muy buenos. Así que al menos sabe quién eres.
- ¿Ah si? Bueno, iré. Pero que sepáis que sólo voy para no quedarme sola en casa.

Y allí estaba, en la dichosa fiesta, comprobando lo que ella ya sabía, que en realidad no estaba invitada y que en el mundo de Javi, no existía. Y eso no iba a cambiar.

Sin embargo, cuando creía que Javi no vendría, apareció . Allí estaba, parado bajo el quicio de la puerta, aunque con semblante más serio del que acostumbraba a mostrar.
Parecía como si estuviera buscando a alguien. Su vista recorrió toda la habitación, hasta que dio a parar con sus ojos. Entonces sonrió ¿La estaba mirando a ella? No, no podía ser. Miró a su alrededor, pero no había nadie más mirando en esa dirección. Y antes de lo que esperaba, lo tenía parado delante suya.

- Hola Marta, te estaba buscando.

La estaba buscando a ella. ¿Qué se suponía que estaba pasando? ¿Qué clase de broma pesada era aquella? Y sin embargo no encontraba a nadie a su alrededor, esperando el momento para empezar a reír.
No, a ella no le iban a gastar una broma. No era tan inocente como todos se pensaban. Si le querían gastar una broma, no se iban a salir con la suya. Ella la iba a volver en contra. Así que tendría que atacar.

- Estaba esperándote.

Eso si que no se lo esperaba. Se había sonreído y parecía un poco avergonzado. No parecía como si se fuera a reír. O justamente era eso, aguantarse la risa. Javi, la broma no te saldrá bien.

- Me alegro, creí que te abrías cansado ya de esperar. ¿Quieres que vayamos afuera, a un sitio más tranquilo dónde podamos hablar?

What?
Ah, ya… Afuera esperaba la gente para reírse.
Cuidado Marta, has estado a punto de creértelo.
Pues les iba a dar el gusto. Al fin y al cabo no tenía nada mejor que hacer. Así que se dirigió hacia la puerta con una gran sonrisa de satisfacción. Si se reían de ella, no se iba a dejar amedrantar, estaba claro.
Pero cuando salió, no había nadie riendo…
Javi la seguía, parecía que estaba un poco nervioso, y le indicó un banco de la plaza de enfrente del local.

- Sentémonos allí.

Ahora si que no entendía nada de lo que estaba pasando, pero estaba claro que no podía bajar la guardia.
Se sentaron en el banco más alejado, en el lado más solitario de la plaza, donde ni siquiera la gente pasaba. No había ningún sitio donde la gente pudiera esconderse para empezar a reírse. Pero no por eso tenía que ser verdad.

- Puede que te resulte un poco extraño todo esto, pero quiero que sepas que cada una de las palabras que te voy a decir es verdad. Hace tres meses estaba en clase, compadeciéndome de mi mismo, por parecer una persona que no soy, por querer hacer algo de lo que la gente se reiría, por todo. En ese momento levanté la cabeza. No sabía siquiera qué estaba diciendo el profesor. Y vi una melena rubia sentada dos filas mas alante de mi. Estaba atendiendo al profesor, y subrayando un libro. Al lado tenía unos esquemas que parecían magníficos. La organización en persona. Y entonces miré mi mesa. El libro cerrado, la libreta llena de dibujos,… ¿Qué estaba haciendo con mi vida? Esa no era la persona que yo era. Lo que la gente pensaba de mi me estaba dominando. Sin embargo tu estabas allí, no te había visto nunca hasta el momento, y eso que sospechaba que estabas en mi clase desde principio de curso. En ninguna fiesta del campus, ni nada. Eras quien querías. Pero… ¿Quién eras?
A partir de ese día te empecé a observar un poco más. Eras una chica que tenía un grupo de amigos que, desde lejos, se veía que te querían. Cuando estabas con ellos estabas muy alegre, y parecías muy cariñosa. Sin en valgo, cuando estabas sola, tu cara reflejaba eso mismo, que te sentías sola. Te comprendía tan bien…
El otro día estaba con un amigo. Estaba amargado porque no tenía buenos apuntes de geometría, y no encontraba a nadie que pudiera dejarle unos en condiciones. Entonces me acordé de ti. Le deje caer que los tuyos parecían que tenían buena pinta. El se extrañó de que yo te conociera, pero no dijo nada al respecto.
¿Sabes? Ese día conocí por fin tu nombre. Marta… Me sorprendí dándome un vuelco el corazón cuando lo escuché, y deseando que me contara más de ti. Pero no lo hizo.
No pensaba venir a esta fiesta, pero por casualidad escuché que venías. Y otra vez me sorprendí vistiéndome para venir. Así que me prometí, que no dejaría pasar este momento y hablaría contigo.
Y aquí estoy.

Estaba anonadada. No sabía ni cómo reaccionar. ¿Todo aquello era verdad?
Y no, no había nadie…
No podía seguir pensando que alguien saldría en cualquier momento y se reiría de ella. Así que se levantó de un salto, y le dijo que se fueran a otro sitio. Si aceptaba, le creería.
El la miró un poco sorprendido, pero se levantó.

Empezaron a andar, iban muy callados y ni siquiera se miraban. Pero seguían caminando.
Salieron del centro, y empezaron a andar por el paseo marítimo. No podía parar. ¿Y si paraba y descubría que todo era mentira? Pero tenía que hacerlo. Al fin y al cabo, alguna vez lo tendría que hacer.

Se dirigió hacia el mar, y a unos escasos cinco metros del mar, se detuvo. Se quitó los zapatos, y se sentó.
Hacía bastante fresquito, hasta entonces no se había dado cuenta. Pero no dijo nada.
El se sentó a su lado. Pegado a ella. Tan pegado que su brazo tocaba al suyo. El sintió que tenía frío, así que, como en la mejor de los sueños, se quitó su chaqueta y se la puso. Le quedaba un poco grande, pero era parte del encanto del momento.
Así que allí estaban, sentados en la playa escuchando a las olas romper en la orilla. Bajo un cielo estrellado y luna llena. ¿Qué más se podía pedir?

- Aún no has dicho nada.
- Lo sé.
- Lo siento.
- ¿Porqué?
- Creo que te he asustado.

¿Qué la había asustado? Podría ser… Pero no, no es que la hubiera asustado, es que no se lo esperaba. Todo le sonaba a una broma, sin embargo parecía sincero. Pobre, seguro que se había confundido y la había idealizado.

- No me has asustado. Es que no me lo esperaba.
- Lo siento. Es que como casi todas las chicas de la escuela no dejan de perseguirme para que salga con ellas, a veces se me olvida que puede haber chicas que no quieran.
- ¿Eres consciente de lo egocéntrico y creído que suena eso?
- Si. Lo siento.

¿Qué le pasa a este niño? ¿Por qué sólo pide perdón? No sabe decir otra cosa ¿o qué? Parece como si creyese que todo lo que hace o dice en esta vida lo hace mal. Como si todo a lo que le dicen no, o le ponen algún pero, sea porque esta mal. Vale, a veces uno se cree una cosa en su cabeza y luego son otras, pero porque sea así no significa que este mal, significa que estaba equivocado. Punto y final.

- ¿Eres consciente de la cantidad de veces que has dicho “lo siento” desde que empezamos a hablar?
- Si… Perdón.
- Genial, has cambiado el “lo siento” por “perdón”. ¿Sabes que en realidad es lo mismo, verdad?
- ¿Qué quieres que le haga si me pones nervioso?

¿Cómo? ¿Qué le pongo nervioso? ¿Yo? El si que me pone a mi nerviosa. Con esa carita, esos ojitos, esa sonrisa…
Él, la persona por la que suspiraba. Pero… Ella estaba en lo cierto. En el fondo no era como todos pensaban. Había un niño muy dulce dentro de él, con mas aspiraciones en la vida que ser el juerguista y ligón de la clase. Tenía una cabeza centrada, con las ideas claras. Y solo ella lo sabía. Solo ella lo sabía porque él se lo permitía ver. Solo a ella, si. Ella era la más especial para el. ¿O no?

- Seguro que eso se lo dices a todas.
- Te aseguro que no.
- Es una buena forma de ligar…
- Yo no ligo.

¡Que no liga dice! Todas las chicas del campus suspiran por el. Y la mitad han tenido algún tipo de relación con el. Al final va a ser un mentiroso compulsivo. Eso es una enfermedad, ¿verdad?

- No conozco a nadie que haya salido con mas chicas que tu.
- Sólo he tenido una novia en mi vida.
- Que a las demás no les llames novias no significa que no hayas salido con ellas.
- Que una chica se invente que he salido con ella, no significa que realmente lo haya hecho, ¿sabes?

Una de dos, o dice la verdad, o es un mentiroso realmente bueno. Al fin y al cabo casi cualquier chica del campus querría salir con el. Y pensándolo mejor, muchas de ellas mentirían por tal de unirse a ese gran club de “exnovias de Pablo”. Así todas las demás estarían celosas. Si, tiene sentido.

- ¿Y no te molesta?
- ¿Qué mas da lo que piense el resto mientras yo este seguro de lo que he hecho y he dejado de hacer?

Esa respuesta la dejó muerta. Eso es algo que ella siempre había tenido claro. Ella era quien era. Y punto. Si la querían mas, si la querían menos. Si tenía más amigos, si tenía menos. Al menos ella era como quería. Era fiel así misma. Aunque también querría haberle gustado un poco más a la gente siendo así. Pero prefería estar un poco más sola y ser auténtica, que tener más amigos y ser una persona que no le gustaba.

Era curioso, pero desde que se cruzaron sus miradas en el local, no se habían vuelto a mirar a la cara. Ambos contemplaban el mar. Ese mar tranquilizador que les ayudaba a calmar sus nervios. Esos nervios que Marta tenía por sentirse la chica más afortunada y especial del mundo. Esos nervios que Javi tenía por querer terminar de decirle a la estupenda chica que tenía a su lado lo que había empezado en la plaza.

- ¿Te he dicho ya que me gustas?

Si, le gustaba. Ella le gustaba. Le gustaba a él. ¿Cómo elegir ahora las palabras correctas? A ella también le gustaba él. ¿Cómo no le iba a gustar? ¿De verdad era real?

Pero ya era demasiado tarde para responder. Sentía como él la miraba. Cómo la miraba fijamente. Y como su mano se posó suavemente en su mejilla. No hizo falta que el la girara, ella giró su cabeza lentamente para situarla en frente de la suya.

- Si. Pero yo no te he dicho que tu me gustas a mi.

Él sonrió dulcemente, como a ella tantísimo le gustaba. Con esa sonrisa que alegraba sus sueños. Con esa sonrisa en la que pensaba cada noche antes de acostarse. Con esa sonrisa que ahora mismo tenía delante suya e iba dedicada a ella.

Ambos sabían qué era lo siguiente que iba a ocurrir.
Sus cabezas se acercaron lentamente hasta que a penas cabía un soplo de aire entre ambos. Se acercaron hasta que sus labios estaban rozándose.
Entonces, y sólo entonces, se besaron.

Por fin estaba pasando lo que tanto tiempo había deseado. En ese momento pararía el tiempo eternamente. Permanecería el resto de su vida justo allí. Sentada en la orilla de la playa, al lado de un chico maravillo, con su chaqueta puesta, y sobre todo, besándolo. Estaba besando a Pablo. Por fin lo estaba besando.

Y allí estaba, en la dichosa fiesta, comprobando lo que ella ya sabía, que en realidad no estaba invitada y que en el mundo de Pablo, no existía. Y eso no iba a cambiar.

Sin embargo, cuando creía que Javi no vendría, apareció . Allí estaba, parado bajo el quicio de la puerta, aunque con semblante más serio del que acostumbraba a mostrar.
Parecía como si estuviera buscando a alguien. Su vista recorrió toda la habitación, hasta que dio a parar con sus ojos. Entonces sonrió ¿La estaba mirando a ella? No, no podía ser. Miró a su alrededor, y allí estaba su grupo de amigos, saludándolo y esperándolo.

Algún día tendría que dejar de soñar despierta. Pero sólo algún día.

Fin del capítulo 9

3 de febrero de 2011

lo que se hace en el camino

ILUSTRACIONES

Bueno, hace poco he decidido que además de ir escribiendo la historia de marta pues voi a ir ilustrándola "modestamente". Modestamente porque haré dibujos de muy de vez en cuando y en blanco y negro. Y tp yo soi mu wena pa no deci q son modestos xD

Weno, ahora dejo el primero, q además es un poco de spam xD Dibujo perteneciente a los capítulos 13-14. xq será? xD

26 de enero de 2011

lo que se escribe en el camino

UNA SONRISA TUYA

Os dejo con un nuevo capítulo de Una sonrisa tuya. Este es cortito y vuelve a romper con lo que veníamos leyendo hasta el momento. Espero que os siga gustando :)

CAPÍTULO 8:

Capítulo 8:

Querido diario:

¿Cómo estas? Se que hace mucho que no escribo en ti. De hecho desde que conocí a Marcos no he vuelto a escribirte. El me hizo ver que qué mejor que escribir un diario que tener un amigo al que contarle las cosas. Y así lo hice. Le cuento todo a el, y a ti te dejé un poco de lado.
Lo siento. Lo último que te escribí era que tenía el mejor amigo del mundo, y aunque no cambio eso por nada del mundo he de reconocer que a veces una tiene que escribir ciertas cosas para no olvidarse jamás de ellas.

Todo el mundo dice siempre una expresión, que hasta hoy no había comprendido demasiado, pero creo que tiene una verdad absoluta. Si, absoluta. Y a partir de ahora le haré caso al ciento por ciento.
¿Que qué expresión es?
Sencillo:

“MAS VALE MALO CONOCIDO QUE BUENO POR CONOCER”

Si ya lo decía yo. Eso de probar nuevo peluquero no es para mi. No me gustan los experimentos. Yo era feliz yendo a mi peluquero de toda la vida. ¿Que tenía un peinado un poco ortera? Si, pero me da igual. ¡En mi pelo no se nota!
Lo que si que se nota es un pelo quemado y chamuscado. O peor: la ausencia de pelo.

Vale que al final todo haya quedado en un susto. Pero bueno, podría haber sido algo muy fatídico. Nunca antes me había llevado un susto así. Me he visto con la cabeza rapada. Que horror.

Aunque he de confesar que me da un poco de lástima el chico. Me he ido corriendo y lo he dejado con el almuerzo a medio preparar. Aunque tampoco entiendo muy bien porqué me invita a comer si esta claro que no le gusto...
Definitivamente los hombres son muy complicados. Yo se que soy un poquito exigente, pero tampoco es para tanto. Solo quiero que me quieran. Digo yo que no es un imposible, ¿no?

Pues me tenías que haber visto saliendo de allí como una loca. Cuando salí a la calle me pareció mentira. Por fin respirar un poco de aire fresco.
No recuerdo ni tantas horas estuve allí dentro, solo se que cuando salí, el trafico estaba ya bien. Y cogí el bus de regreso a casa.

Me siento un poco culpable, no he estudiado en todo el día. Pero lo llevo bien, así que no me voy a agobiar. (Por mucho trabajo que me cueste).

Nada mas salir llamé a Marcos. No salía de su asombro. Si es que tiene razón, soy un completo desastre. Aunque creo que no tengo toda la culpa. Si yo soy desastre, y los chicos con los que parece que va a pasar algo también lo son, pues normal que el resultado final sea un desastre total.
Me dijo que llamara a Carlos y esa gente, que iban a ir a una fiesta, pero que el no podría ir porque había quedado con su novia. Las novias... Siempre las novias...

Total, que llamé a Carlos y estaba con Julio. Se dedicaron a intentar convencerme para ir a una fiesta. Aunque no se para qué te digo que estaban intentando convencerme, ya que al final me han convencido. Yo no tengo la culpa de no saber decir que no.

La culpa de haberme convencido tan rápido también se debe a que me han dicho que va a ir Javi.
Si, Javi, ¿te acuerdas de el?
Dios, hace mil que no te hablo de el. Javi es el amigo de Carlos. Bueno, no exactamente amigo, simplemente estudia con el en la facultad. También estuvo hace poco en una asignatura de libre configuración conmigo. No he hablado con el nunca, pero se ve tan mono...
Carlos me ha hablado muy bien de el.

Así que aquí estoy, acabada de duchar, en albornoz, toalla en la cabeza... Como me gusta...
Y como voy un poco adelantada de tiempo, pues me he puesto a escribirte. Me dije que solo te escribiría una hoja, pero no lo puedo evitar.
Ahora estoy intentando decidir qué ropa me pongo. No se cómo va a ser muy bien la fiesta. No se si ponerme vestido, pantalón de traje, tacones, zapatillas,...
Iré a lo seguro: sandalias con un poco de tacón, pantalones largos vaqueros, camisa de mangas cortas, pelo suelto y pañuelo en la cabeza a juego con la camiseta. Pintada ni mucho ni poco, lo justo. Así seguro que no fallo.

Y dicho esto, me voy a terminar de arreglar que al final se me hará tarde y todo. ¡Y odio llegar tarde!

Me ha encantado volverte a escribir. Quizás lo vuelva a hacer.

Un beso

Marta


FIN DEL CAPÍTULO 8

17 de enero de 2011

lo que se hace en el camino

PROYECTO FIN DE CARRERA

Bueno, llevo unos días ultimando mi proyecto fin de carrera, que lo tengo que entregar el día 8 de Febrero. Voy un poco a contrareloj porque al final me queda más de lo que yo pensaba y estoy tardando un poco más de lo previsto.

Pero bueno, lo voy llevando. jeje

Lo que estoy haciendo es un edificio estacional (que se monta y desmonta). En este caso es un teatro, aunque también podría tener otros muchos usos dependiendo de cómo se dispongan sus piezas que son módulos para poder mover y transformar en lo que se desee.

Lo he bautizado con el nombre de "T-IN" por ser un proyecto que lo que intenta es acercar al teatro dendro de la pobración y que se alcanzable para todos.

Y nada, con mis nuevos conocimientos del módulo de Diseño gráfico que estoy estudiando he hecho un logo para mi proyecto y me ha quedado tal que así:

(aviso, tiene muchos fachos, pero jo, estoy aprendiendo.... :P)


10 de enero de 2011

lo que se escribe en el camino

UNA SONRISA TUYA

Bueno, dejo un nuevo capítulo de una sonrisa tuya. No he publicado nada en navidades porque basicamente... se me ha olvidado xDDD
Este capi sigue la corriente del anterior, con comentarios en primera persona y eso, además se desmadra un poco la situacion xD

Capítulo 7:

- Bueno señorita, son ya la una y treinta minutos, y a tus preciosas mechas rubias le quedan 30 minutos de cocción. ¿Segura de no querer añadir ningún color mas?
- Segura.... – por favor, que no insistiera más, no podría resistir mucho más diciéndole que no...-
- Ya se que eso sería mucho arriesgar para ti, pero podrías echar una canita al aire de vez en cuando...
- -¿Una canita al aire? ¡ahh! - ¿una canita al aire?
- - ¡Mierda! Cuida tus palabras Daniel... – Si mujer, quería decir que dicen que siempre hay una primera vez para todo. Ésta podría ser tu primera vez de echarte un color “raro” como tu dices de mechas. - ¿arreglado?-
- Jajajaja. No gracias – No sigas por favor... —
- ¿Quién sabe?, quizás te quede bien, y tu sin saberlo...
- Me arriesgaré

Y Marta no lo pudo evitar. Terminó esta última frase sacándole la lengua de forma traviesa. Le encantaba. Y a Daniel también le gustó. No siempre venían chicas tan encantadoras como ella a la peluquería. Normalmente las abuelitas colapsaban todo su tiempo. Que si, que estaba bien, que con ellas se lo pasaba bien. Pero no era lo mismo...

- ¿Qué te parece si mientras te sube el color subimos y voy preparando la pasta?
- ¿Qué vas a cocinar para mí? – ¡que sexy!—
- Eso parece - bonito día para que no se me pegue la comida... -
- No hace falta que te molestes. Puedo salir a comer a cualquier sitio. De verdad Daniel.
- - Qué bonito sonaba su nombre dicho por su boca... - Antes te pregunté, y me dijiste que si, así que ya no hay vuelta atrás.
- Esta bien... – menos mal... -
- Lo dicho, ¿subimos? – menos mal que esta mañana la muchacha de la limpieza me limpió y recogió la casa... —
- Esta bien, pero, ¿vives aquí mismo?
- Sí, en la planta de arriba.
- Puf. Tu casa tu lugar de trabajo... ¡Y encima te llevas el trabajo a casa! Si que arriesgas tu muchacho...
- Ya ves, soy un chico de riesgos...

Un chico de riesgos... ¡Ja! Eso no se lo creía ni él. Si ella hubiera visto sus comienzos... Malos, sí. Pero unos comienzos como los de casi todo el mundo. Él no tenía una familia con dinero que le permitiera empezar con un gran negocio. No, el se lo tuvo que currar desde 0. Empezando por su cochera, continuando en la viejísima casa de sus difuntos abuelos. Pero ahora, tras mucho sudor y muchas lágrimas había conseguido alcanzar el sueño de su vida: una peluquería propia, SU peluquería. Un negocio próspero, y encima de ella, su modesta casita... Y tan modesta... un mini-loft, pero bien orgulloso que estaba de ello...

- Yo que tu no me esperaba demasiado de mi casa. Imagina que tiene el mismo tamaño que la peluquería, jeje...
- No te preocupes, estoy acostumbrada a cuchitriles, mi casita es la mitad que esto...
- ¿La mitad que esto? ¿Eso existe? ¿Es legal?
- Pues eso parece...

Mientras tanto, Daniel y Marta habían ido subiendo por las escaleras y ya estaban ante la puerta de entrada. Nada más que abrirla y echarle el primer vistazo, le encantó. Aquello era grande comparado con su casa, pero como tampoco tenía demasiadas separaciones que digamos, le recordó mucho a su casa, y como le tenía tanto cariño a su casa, pues esta le produjo ternura.

- Me encanta
- ¿De verdad? –Si no fuera por la cantidad de personas que habían dicho eso mismo y luego se habían ido casi corriendo, le hubiera creído-
- Te lo prometo, me recuerda a mi casa. Y me encanta.
- Me alegro - Esto sin duda, era un punto positivo - Ponte cómoda y siéntate, yo voy a ir preparando el almuerzo.
- ¿No quieres ayuda?
- Ya de ante mano te insisto que no. Mientras seas mi invitada, no tocarás un plato de la cocina. Y no admito discusión alguna.
- Bueno esta bien. -¿Cómo discutir semejantes argumentos?
- Siéntate, pondré la pasta a cocer

Ver para creer. Allí estaba ella, sentada en el sofá de Daniel, su nuevo peluquero, con las mechas cociéndose en su cabeza mientras esperaba que éste le hiciera pasta. La cabeza le desprendía mucho calor pero eso era normal, las mechas tenían que actuar.

Daniel volvió de la cocina acompañado por una botella de vino y dos copas.

- Espero que te guste el vino.
- Pues... La verdad es que no.
- ¡Ah! -Que mala pata...- Entonces... ¿Cerveza?
- Tampoco. -Ya empezamos....
- Pues... ¿Coca-cola?
- No... Perdón, te explico. Soy un poco complicada con eso de las bebidas. No me gusta el vino, ni la cerveza, ni el café ni los refrescos con gas.
- Vaya... He de admitir que nunca me había pasado esto.
- Lo siento - Bicho raro ataca de nuevo. No tengo remedio-.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué?
- ¿Qué quieres beber?
- Agua
- ¿Agua? -¿Esto es de verdad?
- Si, lo siento, ya se que soy un bicho raro, pero es lo que hay.
- No, no digas eso. No eres un bicho raro, solo tienes gustos selectos.
- ¿Beber agua es tener un gusto selecto? No intentes quedar bien, no te preocupes, ya estoy acostumbrada.
- Bueno, pues nada, voy a ir a por tu vaso de agua.
- Gracias.

Así que Daniel volvió a desaparecer en la cocina. Era un desastre, tenían que tenerle prohibido salir a la calle. Que vergüenza. Menos mal que ya estaba un poco acostumbrada, desde pequeña la misma historia. Pero, ¿qué podía hacerle? No le gustaban ninguna de esas bebidas, es mas, le daban nauseas. El refresco de limón si le gustaba mucho, aunque solo el sabor ya que, por culpa del gas, a veces incluso vomitaba. Increíble.

- Toma, tu agua. Ya que no he dado ni una con la bebida, espero que al menos el chocolate te guste.
- No, no me gusta.
- ¿Cómo? - Ésto ya es demasiado, ¿a qué mujer no le gusta el chocolate?
- Es verdad, no me gusta, me encanta. - Se estaba riendo por dentro, casi se queda con el. Ahora le había vuelto a salir esa sonrisa pícara, pero es que es tan mono, tan predecible...
- Menos mal. - Ya lo decía yo, el chocolate nunca falla.

Ambos se rieron, con una sonrisa pícara, y sabían muy bien lo que estaba pasando allí, pero era parte del juego, hacerse los incrédulos.

Les encantaba ese juego.

Entonces Daniel cogió un trocito de una barrita de galleta y caramelo recubierta con chocolate, una delicia, y se la acercó a la boca, ofreciéndosela para que le diera un mordisco. Ella como no, se lo dio, y ambos se quedaron más cerca que antes, y mirándose a los ojos mientras sus cabezas bullían.

- - Me muero por besarla.
- - Me muero por besarlo.
- - Pero, ¿qué va a pensar de mi si la beso así sin mas? Sólo la conozco de hace una hora.
- - ¡Bésame!
- - No, mejor no... ¡Pero es que me muero de ganas!
- - ¡Hazlo! ¡Ya!

En ese momento sonó estrepitosamente proveniente de la cocina, el reloj que Daniel había programado para avisarle de cuándo la pasta abría terminado de cocerse.

Daniel, dando un respingo, se levantó y se fue directo a la cocina mientras decía:

- Tengo que ir a apartar la pasta. - Salvado por la campana. Ésto es una señal. No era el momento. ¿Verdad?
- Vale. - ¡Mierda! ¡Lo sabía! No le gusto.

Y volvió a quedarse sola. Al menos la casa era bonita, es verdad que la tenía muy bien cuidada, igual que la decoración de la peluquería, no hacía falta que le jurara que le encantaba el color naranja ya que, hasta en su piso, era el color que más predominaba.

La cabeza le seguía quemando pero ahora mucho más que antes. Y no sólo eso, si no que también le picaba mucho. ¿Aquello era normal? Desde luego ella no recordaba que le hubiera pasado antes, y se había hecho muchas veces las mechas.
Como no se podía rascar con las manos, empezó a hacer gestos raros con la cara para intentar que algo en la cabeza se moviera y le aliviara un poco el escozor.

En ese momento llegó Daniel.

- ¿Estas bien? - Esta chica sin dudas es muy rara.
- Si. - Lo que faltaba.
- ¿Estas segura?
- No. ¿Es normal que la cabeza me queme y me pique tantísimo?
- No.
- ¿No? ¿Cómo que no?

Daniel se acercó, le retiró un poco todo el papel que tenía cubriendo todos los potingues.

- Vamos abajo, te tengo que lavar el pelo. - Por favor, que no le haya hecho ningún estropicio...
- ¿Cómo? ¿Ya? ¿Tan pronto? - ¿Qué es esto? ¿Qué pasa?
- Si, no te preocupes, es que te ha subido más rápido de lo que esperaba. - Por favor, por favor, por favor.

Se dirigieron precipitadamente a la parte de la peluquería. Marta literalmente se tiró encima del lavacabezas. Ésto no le podía estar pasando a ella. Si ya lo sabía, no podía ir a otro peluquero, por muy guapo y simpático que fuera. Y encima con el mal día que estaba llevando, si ya estaba pronosticado. Ese día prometía ser malo. Muy malo. Y se estaba cumpliendo y empeorando por momentos. Una cosa es tener una mala noche y otra que te estropeen el pelo y avergonzarte de ello durante dios sabe cuánto tiempo.

Mientras tanto, Daniel estaba trabajando en su cabeza. Le quitó todo el papel y le mojó la cabeza. El agua estaba helada, pero no quería esperar más rato a lavársela. ¿Porqué? ¿Porqué tenía tan mala suerte? Justamente a esa chica. Era rara, si, muy rara. Pero le gustaba. Después de eso, seguro que no quería saber nada mas de el...

- Está bien. No te preocupes, ahora te voy a pelar y ya verás como te queda perfecto.
- Eso espero, como le pase algo a mi pelo, me muero.

Eso es, encima aún más presión. Iban a tener que dejarle de gustar sus clientas, tanta presión no era buena. Pero bueno, en cuanto acabó de lavarle la cabeza, empezó a pelarla.

Como le había echado tanta crema suavizante, tenía el pelo muy suave. Daba gusto pelarla. Además era increíble como, aún con el pelo mojado, los rizos estaban ahí, no se iban. Los estirazaba, y volvían a su sitio. Sin duda, un pelo precioso.

Tras veinte minutos trabajando en esa melena rizada, se dio por satisfecho con el resultado.

- Ésto ya esta.
- Gracias.

Marta se miró en el espejo, no lo había querido hacer antes, por si acaso. Pero no, estaba bien. Su pelo estaba perfecto y precioso. Tenía que reconocer que había hecho un trabajo magnífico. Pero se había llevado un susto tan grande... Por unos momentos se había imaginado escondiendo su cabeza debajo de pañuelos, gorras, etc. Y eso le horrorizaba. Ella se ponía pañuelos y eso. Si. Pero no cubriéndole toda la cabeza.

- ¿Cuánto te debo?
- Nada, déjalo. Por el susto. - Después de aquello no podía cobrarle nada. No se lo perdonaría.
- No, dime cuánto te debo.
- En serio, no puedo cobrarte nada. Por el susto, ¿vale?
- Vale. Gracias.
- Pero prométeme a cambio que volverás a pelarte algún otro día. - Con eso también se aseguraba volver a verla.
- Esta bien. -¿Tenía otro remedio acaso?
- ¿Subimos a almorzar al fin?
- La verdad es que preferiría no hacerlo. Se me ha quitado el apetito. - El chico no esta mal. Pero necesito salir de aquí. Me estoy agobiando. Además, si ni siquiera le gusto. Demasiado esfuerzo para nada.
- Bueno... Vale. Pues... Hasta la próxima, supongo. - Si, sin duda la he cagado.
- Hasta la próxima.

Marta le dirigió una sonrisa mientras se volvía para dirigirse a la salida, aunque tenía que reconocer que le salió un poco amarga

FIN DEL CAPÍTULO 7

16 de diciembre de 2010

lo que se escribe en el camino


UNA SONRISA TUYA

Bueno, volvemos a la carga con la historia de Marta.
Este capítulo me resulta divertido, sobre todo la union de conversación con los pensamientos de cada cual. Es un capítulo un poco disparatado jeje.

Por lo demás y contestándole a Verdix directamente: cuando empecé a publicar esta historia en mi blog tenía los 9 primeros capítulos escritos. Y bueno, después de eso me he animado un poco y acabo de terminar el 12.

Espero ir continuando la historia poco a poco y, quién sabe, al o mejor algún dia la termino y todo jeje aunque aviso que aún queda bastante.

Si teneis mas dudas, preguntas o lo que sea, podeis ir dejándomelas en los comentarios y prometo contestarlas en los siguientes post

Sin más, os dejo con el nuevo capítulo:

Capítulo 6:

Esta bien, dio una pequeña cabezada pero, ¿cómo no darla?. Que venga alguna otra de sus clientas y le diga que a ellas nunca les ha pasado ¡seguro! Si era imposible que no pasara...
Desde luego eso de cambiar de peluquero, sólo por el simple hecho de recibir ese masaje, ya merecía la pena...

Daniel por el contrario, estaba tan sumamente concentrado en intentar dar el masaje de su vida, que ni se había dado cuenta de ese cabezazo de su clienta, cosa que Marta agradeció infinitamente.

Al cabo de un rato Marta no pudo resistir más:

- Como sigas masajeándome de esa manera, no respondo de mis actos...
- Perdón, es que cómo te veía sonreír tanto pensé que te gustaba y se me olvidó parar- ¿se abría pasado? Esperaba que no.
- Jajaja, y así es, me encanta, es el mejor masaje que me han dado en los días de mi vida, pero es que me estoy relajando tanto, tanto, que voy a caer dormida en cualquier momento.
- Bueno, pues paro y aprovechamos para hablar de cómo vas a querer esas mechas, ¿de acuerdo?
- De acuerdo

En ese preciso instante, Daniel retiró las manos de su cuero cabelludo, y tan sólo un segundo después de hacerlo, Marta ya lo echaba de menos...

- Mechas, ¿de qué color?
- Rubias
- ¿Rubias?
- Si, rubias
- ¿Ningún otro color?
- No
- ¿Castañas?
- No
- ¿Morenas?
- No
- ¿Azules? ¿Moradas? ¿Rojas? ¿Naranjas?
- No, no, no y no. Sólo rubias.
- Pero...¿porqué?
- Aunque te parezca increíble por un sencillo motivo...
- ¿Y le importaría a la señorita decirme cuál ese sencillo motivo? ¿O aparte de sencillo es secreto?
- Bueno... no se yo...
- ¡Eh!, no te sientas obligada...
- Jajaja, es broma hombre, te explico: yo siempre he tenido el pelo rubio, desde pequeña, y ahora que se me ha oscurecido, si no me veo con algo rubio en la cabeza, no me siento yo misma. Además, mi pelo ya llama suficientemente la atención como para ir poniéndole colores extraños.
- Uno, tu pelo llama la atención por lo bonito que es. Y dos, no son colores extraños, ¡están muy de moda!
- ¡Ay perdona! ¿Y porque estén de moda eso ya significa que no llaman la atención ni son colores extraños?
- Eh...- Vale, reconocía que ahí lo había pillado, pero no veas la niña, tenía respuesta para todo, y además todo segura que estaba de lo que decía...- esta bien, ya no te discuto más, rubio, y no hay mas que hablar
- Gracias.

Mientas Daniel preparaba el color y los papelitos de plata para hacerle las mechas, a Marta le dio por mirar ese enorme reloj de la pared del fondo. ¡Oh no! ¡Eran ya las 12:30!

- Me preguntaba...
- Dime.
- Por casualidad...¿no sabrás si para las 14 habremos terminado?
- Pues... no creo, ¿porqué? ¿tienes algún problema?
- Es que justo a esa hora había quedado para comer...
- Lo siento, si quieres que paremos aún estas a tiempo – mierda, seguro que era el novio, ¿cómo no?
- No, no, sigue, sigue, lo llamaré para cancelarlo. No te preocupes.

Por nada del mundo pensaba irse de aquel sitio, además, ¿para qué? Si seguro que si después se lo contaba a Marcos éste le hubiera reñido por dejarlo allí para ir a comer con el...Así que cogió el móvil y lo llamó. Un tono... dos tonos....tres tonos... para variar no lo cogía. Que inoportuno que era el chico. Cuatro tonos...

- ¡Hola Martita! ¿Ya no te acuerdas dónde habíamos quedado o que?
- Hola cariño, si que me acuerdo, ¿cómo crees que no me iba a acordar de lo dónde quedo contigo? Ya te he dicho mil veces que, aunque parezca mentira, te escucho cuando me hablas

David ya no necesitaba escuchar más. Definitivamente era su novio, ¿a quién más si no iba a hablarle así? Adiós a sus planes de conquista. Mechas, peinaito ligerito y, ¡a casita!.

- Así me gusta. Entonces, ¿qué pasa? Es raro que me llames un día a estas horas si no es para preguntarme eso..
- Lo se. Es que estoy en la peluquería y no creo que me de tiempo de acabar para las dos.
- ¿Tu? ¿en la peluquería? Un día entre semana, por la mañana, ¿en la peluquería? Dime Marta, ¿qué te pasa? ¿estas bien?
- Déjate ya de coñas hombre. Te resumo: sueño realista cruel, mañana horrible, bus tarde, atasco de película, lluvia sin paraguas, bar de viejos (con todas sus consecuencias), peluquería a la vista, conclusión: no llego para comer

A eso si que se le podía llamar resumir. Daniel se estaba quedando impresionado. Ya sabía que escuchar conversaciones agenas estaba mal, pero lo tenía tan fácil... Aunque si todo aquello era cierto, a la pobre le había pasado de todo...

- Vaya, ¿así sin mas?
- Así sin mas, pero todo very well.
- ¿Very well? ¿cómo de well?
- Very, very, very, very well
- No hace falta que digas más, ¡perdonada! Pero en cuando que llegues a casa, llámame y me cuentas. Eso si hay vía libre...
- ¡eh! ¡No te pases! ¡la habrá!
- Eso nunca se sabe...
- Tu no, pero yo si. Dale un besote muy gordo a Marian de mi parte, ¿ok?
- Ok. Y a por todas!
- Eso siempre.

Lo genial de tener un amigo tan íntimo, desde hacía tanto tiempo, es que ya habían creado su propios códigos secretos, con los que hablar de cualquier cosa delante de otros sin que nadie se enterase de nada. Por ejemplo ese very well, que significaba que había un hombre de por medio que estaba muy bien. Además se utilizaba cuando solía ser el motivo de una excusa. Pero tenía que volver a lo que estaba: Daniel.

- Lo siento muchísimo, ya esta todo arreglado. Menos mal que su novia siempre está dispuesta a salir, porque no había sacado nada de comer. Hombres...

Así que se había equivocado. ¡No era su novio! Eso era una señal, ahora o nunca.

- ¿Y tu? ¿Habías sacado algo de comer?
- Mmm.. la verdad es que no, ahí me has pillado... Pero bueno, por muy vacío que esté el frigorífico, siempre hay algo comestible escondido por alguna parte de él.
- Yo preguntaba, porque como aquí vamos a acabar bien tarde, por si querías almorzar conmigo... –por favor, por favor, por favor...-
- No me gustaría ser una molestia... – por favor insiste, por favor insiste, por favor insiste-.
- Para nada, no eres ninguna molestia para mi. Insisto, quédate, ¿o es que tienes algo mejor que hacer? – di que no....-
- Pues... la verdad es que no....
- Entonces sólo te queda una pregunta que responder: ¿te gusta la pasta a la carbonara?
- Me encanta - ¡siii!
- Pues entonces no se hable mas. Te quedas a comer conmigo - ¡toma ya!-


FIN DEL CAPÍTULO 6